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Marie Darrieussecq: ChanchadasNacimiento de Fantasmas - Le mal de mer


Chanchadas (1996):
Los clientes, por lo menos, no tenían ese tipo de preocupaciones. No me miraban para saber cómo andaba; en rigor se ocupaban de sí mismos, los enorgullecía poder manosearme. Me venía bien, en el fondo, esa especie de indiferencia, porque me parecía que estaba engordando demasiado y que eso ya no era tan lindo como antes; pero como en la tienda no recibía más que a los clientes de siempre, no tenía que temer lsa miradas nuevas que, por así decrilo, me habrían visto de verdad.

(Página 29)

 

Pero es difícil simular cuando las sensaciones verdaderas nos llegan al cuerpo. No sé si me hago entender bien. Me imagino hasta qué punto debe ser chocante y desagradable leer a una joven que se expresa de cierta manera, pero debo decirlo a pesar de que ahora no soy exactamente la misma que antes, y que ese tipo de consideraciones comienza a no tener sentido para mí. En todo caso, la vida se volvía complicada. Además de verme obligada a disfrazar mis sensaciones, les tenía cada vez más miedo a mis antiguos clientes, los llamados telefónicos escandalizados que podían hacerle al director.

(Página 50)

 

Por un lado, soñaba con sangre todas las noches, tenía como ganas de clavar un cuchillo en un cuello. Por otro lado, la carne sangrienta era lo que más repugnaba. En esa época no entendía tales contradicciones. Ahora sé que la naturaleza está llena de contrarios, que todo se acopla sin cesar en el mundo, en fin, les ahorro mi pequeña filosofía.

(Página 67)

 

Como hablaba arabe la conversación no era problema, no nos decíamos nada, nos hacíamos señas, nos queríamos mucho.

(Página 115)

 

La señora se había consolado de lo más rápido con ese negrazo del morabito, y un hombre además, decididamente la gente tiene costumbres muy cambiantes.

(Página 146)

 

La Racionalidad es lo que pierde a los hombres, soy yo quien se los dice.

(Página 165)

 

Por eso escribo, porque sigue en mí el dolor por Yvan. Inclusive cuando estoy en el bosque, con los otros chanchos; ellos a menudo me olisquean con desconfianza, huelen que en mi interior sigo pensando como los hombres. No estoy a la altura de sus expectativas. No me someto lo suficiente a las labores de la raza, y sin embargo soy yo quien los liberó del principal peligro que los acechaba.

(Página 186)


Nacimiento de Fantasmas (1998):

Me alejé meditando su respuesta. No tenía ganas de contar mi historia, no tenía ganas de pronunciar esas palabras: que mi marido no había vuelto a casa.

(Página 24)

 

Me desplomé sobre el canapé, rodeé un almohadón con los brazos y oculté mi rostro, olía a polvo y era áspero, acababa de tener la intuición de que tal vez nunca construiríamos juntos ese mundo de nuestros desayunos y que tal vez, de ahora en adelante, votaría soloa, en la ignorancia eterna del contenido de su sobre, y que tal vez nunca, nunca podría sospechar, espìar y contradecir a ese traidor de mi marido.

En los días y las semanas siguientes, verificaría, con un cansancio cada vez más grande, que mi forma de vida, de ese momento en adelante, sería así: alternativo y penoso; mis sueños habituales y mis recuerdos de una vida de a dos, reducidos a la nada, a salvas regulares de la pólvora de cañon de esta verdad física: la ausencia de mi marido.

(Página 36)

 

¿Dónde estaba mi marido? Pensé en esa broma infantil: un marinero le pregunta al capitán si se perdió una cosa cuando sabemos dónde se encuentra, por cierto que no, dice el capitán, entonces su pipa no se perdió, está en el fondo del mar, ¿dónde estaba mi marido en el preciso momento en que yo extendía una espesa pasta verde sobre mi rostro, los cabellos firmemente levantados con una pinza?

(Página 42)

 

Pero frente a la foto, en ese momento (en ese momento solamente) me vi forzada a admitir, después de una noche sin sueño ni reposo, que mi marido había desaparecido; que mi angustia era fundada, sin límite ni descanso. La foto se había movido. Se había vuelto borrosa. Mi marido se había dado vuelta hacia el fondo, como si alguien, en el momento en que se disparaba el flash, hubiera desviado su atención. Mi sonrisa era tanto más forzada, mi expresión tanto mas falsa pues lo aferraba así para retenerlo, para obligarlo a fijar la mirada.

(Página 56)

 

La diferencia entre la presencia y la ausencia era al final más abstracta, más soportable para el espíritu que la diferencia, totalmente concreta y considerable, entre una noche de falsa obsesión (en la que va a volver el que siempre está allí) y una noche, mi vientre se abría ante esta idea, como las que amenazaban ser las mías de ahora en adelante.

(Página 98)

 

No era que nuestro amor hubiera sido así o asá ("nuestro amor" es una expresión gastada) ni, en el fondo, que fuéramos únicos: mi marido, tanto como yo, no era irreemplazable, y ahora estoy segura de que nos parecíamos a todo el mundo, después de un segundo de reflexión, duda en decir "nuestro amor". Pero el espacio dejado por él seguía abierto, el agujero en el universo estaba abierto y en eso radicaba el escándalo, que ninguna ley por mí conocida podía describir, llenar o sancionar.

(Página 168)


Le mal de mer (1999):

Elle hésite, ses pieds glissent dans la pente; mais personne ne pouvait prévoir, penser ou prévenir; personne ne peut les suivre.

(Página 16)

 

Elle cherche un phrase, un mot, pour oartager ce repos avec elle, pour l´inviter à regarder le paysage, la beauté du soleil sur la mer, les surfeurs qui déroulent la houle du solstice.

(Página 63)

 

Il a cru, un instant, être seul. Mais ils la connaissent tous. Ils pourraient tous la reconnaître, lui confirmer l´identité absolue de ce visage.

(Página 100)

 

Les souvenirs la démembrent, c´est cette maladie-là qui la frappe : celle qui, loin d´assécher en elle la mémoire et les images, fait une tumeur de temps où son corps devrait se trouver.

(Página 106)