Alex Garland: La playa – The Tesseract
La playa (1997):
Normalmente habría entendido esa actitud como la señal de que no tenía ganas de
hablar. Soy un viajero solitario y de vez en cuando necesito un poco de
conversación y compañía, por ello me fijo bastante en esa clase de gestos, pues
aunque me sienta un poco solo no me gusta dar la lata.
(Página 29)
En el camino de vuelta a la casa de huéspedes se me ocurrió
pensar en el e destino del cadáver de Mister Duck. Con todo el asunto del mapa
había olvidado que alguien había muerto. Quizá reposara un año o dos en un
congelador de Bangkok, o tal vez lo incinerasen. Imaginé a su madre, allá en
Europa, preguntandose durante meses por qué oscura razón su hijo había dejado
de ponerse en contacto con ella. Era absurdo que yo supiese algo tan importante
mientras la pobre mujer lo ignoraba. Si es que había una madre, claro.
(Página 43)
No vi nada que me hiciese lamentar el marcharme tan pronto
de Bangkok. En cualquier caso, no soy de los que gozan dedicándose al turismo.
Si me hubiera quedado otros cuantos días no habría ido más allá de los antros
de striptease de Patpong.
Cuando quise volver advertí que no tenía ni idea de dónde me
encontraba, así que tome un tuk-tuk. Fue, de algún modo, la mejor parte de la
excursión, traqueteando en una calina de débiles emanaciones azules, pendiente
de esa clase de detalles que uno se pierde cuando va a pie.
(Página 45)
No me gusta la intervenir en transacciones monetarias cuando
estoy en un país pobre. Me produce sentimientos contradictorios el no atreverme
a regatear por no aprovecharme de la situación y encontrarme con que me han
desplumado.
(Página 72)
Detesto ese dicho según el cual más vale lo malo conocido
que lo bueno por conocer. Oculto entre los matorrales y temblando de miedo,
aprendí que si lo malo que conoces es el guardían de una plantación de
marihuana, lo demás carece de importancia.
(Página 112)
En aquel viaje aprendí algo muy importante: que viajar
funciona como una vía de escape. La vida en Inglaterra perdió todo su sentido
casi desde el momento en que me subí al avión. En cuanto empezaron las
maniobras de despegue, se acabaron los problemas. Sufre menos el pasajero de un
avión que un novio con el corazón destrozado. Cuando el aparato alcanzó su
velocidad de cruzero yo me había olvidado ya de que Inglaterra existía.
(Página 153)
Si he aprendido algo viajando es que el mejor modo de que
salgan las cosas es cerrar los ojos y hacerlas. No pierdas el tiempo hablando
que quieres ir a Borneo. Compra un billete, consigue un visado, prepara la
mochila y ya está.
(Página 181)
Acumular recuerdos o experiencias era el principal objetivo
de mis viajes. Comencé a viajar del mismo modo que el filatélico se pone a
coleccionar sellos, con una lista de cosas que quería ver o llevar a cabo,
bastante banales en su mayor parte. Quería ver el Taj Mahal, Borobudur, las
terrazas de arroz de Bagio, Angkor Wat. Entre las menos -o quizás las más-
prosaicas figuraba la visión de la extrema pobreza. Lo consideraba una
experiencia imprescindible para quien quisiera que se le considerase
interesante y mundano.
(Página 210)
No llevo un diario de viaje. Sólo una vez cometí el
grandísimo error de hacerlo, y todo lo que recuerdo de aquel viaje es lo que me
molesté en poner por escrito. Lo dem´sa se esfumó de mi memoria, como si la
mente se vengara por haber depositado mi confianza en el papel y la pluma. Por
las mismas razones, nunca viajo con cámara fotográfica, porque entonces las
vacaciones se convierten en fotos y uno se olvida de todo lo que no aparece en
éstas. Aparte de eso, las fotos no me resultan muy evocadoras. Cuando hojeo los
álbumes de los viejos compañeros de viaje, siempre me llama la atención lo poco
que aquellas imágenes me recuerdan las experiencias que hemos vivido juntos.
(Página 253)
No se me escapaba, desde luego, que hay cierto elemento de
psicología barata en todo lo que se diga de los lugares que la gente elige para
viajar y por qué. Uno puede escoger qué aspectos aceptar de un carácter
nacional y de cuáles hacer caso omiso. En el caso de Keaty, escogí la vivacidad
y el entusiasmo porque el cálculo y el lucro nada tenían que ver con él, del
mismo modo que en el caso de Françoise decidí ignorar la dictadura y los
asesinatos en masa de Timor Oriental. Como quiera que fuera, yo confiaba en el
principio de mi razonamiento.
(Página 262)
No he vuelto a ver a Françoise ni a Étienne. Algún día los
veré. Será por casualidad, pero sé que volveremos a encontrarnos, porque el
mundo es muy pequeño y Europa aún más.
(Página 549)
You never know with ER! Often there's a complication! Even
in rich americans hospitals, with all the latest facilities, the children often
die! There are no guarantees with ER.
(Page 120)
For you and for me, Cente, this is the way it is. We can see
the thing unraveled, but not the thing itself.
(Page249)