Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Nikos Kazantzakis: Ascesis Salvatores dei - Zorba, el griego - Cristo de nuevo crucificado - La última tentación


Ascesis Salvatores dei (1923):
41. Nuestra epoca es así, buena o mala, hermosa o fea, rica o pobre, no la hemos elegido. Tal es el aire que respiramos, tal es el barro que hemos recibído en herencia, tales son nuestro pan, nuestro fuego y nuestro espíritu.
(Página 80)

 

67. Ama al hombre, pues el es tu mismo.
(Página 83)

 

68. Ama los animales y las plantas, pues ellos han sido tu mismo. Ahora te siguen como colaboradores y servidores fieles.
(Página 83)

 


Zorba, el griego (1946):

Era feliz y lo sabía. Mientras estamos viviendo una dicha, es raro que lo percibamos. Sólo cuando ya pasó y volvemos atrás la mirada, comprendemos de pronto -a veces con sorpresa- cuán felices hemos sido. Pero yo, en esa costa cretense, vivía la dicha y sabia que era feliz.

(Página 63)

 

Permanecimos silenciosos junto al brasero, hasta muy entrada la noche. Compredía yo nuevamente qué sencilla y frugal cosa es la felicidad: un vaso de vino, una castaña, un mísero braserillo, el rumor del mar. Nada más. Y sólo se requiere, para comprender que en eso se halla la felicidad, un corazón igualmente sencillo y frugal.

(Página 77)

 

Pero, para qué te estaré escribiendo estas cosas? Para decirte que ho he echado en olvido nada de lo que hemos vivido juntos. Para aprovechar también la oportunidad de expresarte lo que nunca, en razón de nuestro hábito, bueno o malo, de dominar las emociones, me ha sido posible manifestarte cuando estuvimos uno al lado del otro.

(Página 89)

 

Mi vida corría desviada, y el contacto que yo tenía con los hombres resolvíase apenas en un monólogo interior. Tan bajo había caído que de tener que elegir entre enamorarme de una mujer o leer un buen libro sobre el amor, hubiera escogido el libro.
(Página 97)

 

-Momento hubo en que solía decir: "Este es turco; este otro, búlgaro, el de aquí, griego." Yo cometí en aras de la patria hazañas que te pondrían los pelos de punta, patrón. Degollé, robé, incendié pueblos, violé mujeres, exterminé familias. Por que motivo? Por la sencilla razón de que eran búlgaros o turcos. Qué asco! Vete al infierno, puerco -me digo a menudo de mí mismo reprochándome todo aquello, puah!-, vete al diablo, so bruto, asnísimo asno!" Ahora, en cambio, sólo digo: "Este es buena persona, el de más allá un sinvegüenza." Así sea búlgaro o griego, tanto me da. Es bueno? Es malo? Esto es lo único que pregunto hoy en día. Y a medida que envejezco, te lo juro por el pan que como, me parece que comenzaré  no preguntar siquiera eso. Sea bueno, sea malo, a todos los compadezco, se me desgarran las entrañas si veo a un hombre, aunque en apariencia me interese tanto como el "Preste Juan de las Indias"! Lo que pienso te lo diré, patrón: este pobre diablo también tiene que comer, beber, y amar, y morirse de miedo; también el tiene un dios y un diablo que se ha creado, él también ha de morir y lo pondrán rígido bajo tierra donde se lo coman los gusanos. (Página 211)

 

Qué misterio atroz es el de la vida? Los hombres se unen y se separán como las hojas que arrastra el viento; en vano quiere la retina guardar una imagen del rostro, del cuerpo, de los gestos del ser querido: a los pocos años no recordaréis ya si eran azules o negros sus ojos.
(Página 276)


Cristo de nuevo crucificado (1948):

El pope Fotis oyó la campana que alegremente replicaba, anunciando que Cristo bajaba a la tierra para salvar al mundo... Meneó la cabeza, y lanzó un suspiro: "En vano, Cristo amado, en vano -murmuro-; han pasado dos mil años y los hombres te siguen crucificando. Cuando naceras, Cristo bendito, sin que seas crucificado, para vivir entre nosotros por toda la eternidad?


La última tentación (1951):

Maria lanzó un suspiro: "Desgraciada la madre cuyo hijo no sea como los otros...", pensó, aunque nada dijo.

(Página 72)

 

Pero la pobre madre lanzó un grito: -Apiadate de mi, anciano! un profeta? No, No! Si Dios ha escrito eso, suplico que lo borre! Quiero que sea un hombre como los demas, que no esté ni por encima ni por debajo de los otros, quiero que sea como los

demás. Quiero que tambien él fabrique, como antes su padre, amasaderas, cunas, carretas, utensilios para las casa y no, como ahora, cruces para crucificar a los hombres. Deseo que se case con una mujercita hacendosa, de familia honorable y poseedora de una dote, que le agrade llevar  provisiones a su casa, que tenga hijos, que salgamos todos juntos a pasear los sábados, la abuela, los hijos, los nietos, y que en la calle la gente nos salude.

(Página 72)

 

Mateo recogió prestamente los papeles y quedó cabizbajo. Aun duraba la furia de Jesús:

-Yo digo una cosa y vosotros escribís otra... y los que os leen comprenden otra distinta! Yo digo: cruz, muerte, reino de los cielos, Dios, y que comprendéis? Cada uno de vosotros pone en cada una de esas palabras  sagradas sus pasiones, sus intereses, en suma, lo que le conviene, y mi palabra desaparece, mi alma se pierde... ya no puedo soportar esto!

(Página 440)

 

... Las mujeres solteras de nuestra aldea entonan una canción muy amarga en primavera, durante los días enque las aves incuban los huevos. Te la cantaré para que comprendas mi tristeza:

 

"Oh, jóvenes que aún no lucís bigote,

Estoy cansada de vender y venderme

Sin encontrar comprador!

Vendo todo y me vendo a mi misma

Al primero que se presente!

A quien me dé un huevo de golonfrina,

Daré mis labios;

A quien me dé un huevo de águila,

Daré mi pecho;

Y a quien me dé una puñalada,

Daré mi corazón!"

(Página 490)