Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Marguerite Yourcenar: Alexis - Fuegos - Memorias de Adriano - Recordatorios

Alexis, o el tratado del inútil combate:
Esta carta, amiga mía, será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía mas. Ya sabes lo que queda de un texto después de dos traducciones sucesivas. Y además, no se como arreglármelas. Escribir es una elección perpetua entre mil expresiones de la que ninguna me satisface y, sobre todo, no me satisface sin las demás. Yo debería saber, sin embargo, que solo la música permite la coordinación de acordes. Una carta, incluso la mas larga, nos obliga a simplificar lo que no debiera simplificarse: nos expresamos siempre con tan poca claridad cuando tratamos de hacerlo de una forma mas completa! Yo quisiera hacer aquí un esfuerzo, no solo de sinceridad, sino también de exactitud; estas paginas contendrán muchas tachaduras; ya las contienen. Lo que te pido (lo único que puedo aun pedirte) es que no saltes ninguna de estas líneas que me habrá costado tanto. Si es difícil vivir, es aun mucho mas penoso explicar nuestra vida.

¡Que difícil es no ser injusto con uno mismo!

Cuando pienso que hace casi tres años que te conozco y que me atrevo a hablarte por primera vez y eso porque lo hago por carta y porque es necesario. Es terrible que el silencio pueda a llegar a ser culpable. Es la mas grave de todas mis culpas pero, en fin, la he cometido. Peque de silencio ante ti y ante mi. Cuando el silencio se instala dentro de una casa, es muy difícil hacerlo salir; cuanto mas importante es una cosa, mas parece que queremos callarla.

Es nuestro único bien y nuestra única maldición. Vivimos, Mónica. Cada uno de nosotros tiene su vida particular, única, marcada por todo el pasado sobre el que no tenemos ningún poder y que a su vez nos marca, por poco que sea, todo el porvenir. Nuestra vida. una vida que solo a nosotros nos  pertenece, que no viviremos mas que una vez y que no estamos seguros de comprender del todo. Y lo que digo aquí sobre vida "entera", podría decirse en cada momento de ella. Los demás ven nuestra presencia, nuestros ademanes, nuestra forma de formar las palabras con los labios: solo nosotros podemos ver nuestra vida. Es extraño: la vemos, nos sorprende que sea como es y no podemos hacer nada para cambiarla. Incluso cuando la estamos juzgando estamos perteneciéndole; nuestra aprobación o nuestra censura forman parte de ella; siempre es ella la que se refleja en ella misma. Porque no hay nada mas: el mundo solo existe, para cada uno de nosotros, en la medida en que confine a nuestra vida. Los elementos que la componen son inseparables: se muy bien que los instintos que nos enorgullecen y aquellos que no queremos confesar tienen, en el fondo, un origen común. No podríamos suprimir ni uno de ellos sin modificar todos los demás. Las palabras sirven a tanta gente, Mónica, que ya no le conviene a nadie; ¿como podría un termino científico explicar mi vida? Ni siquiera explica lo que es un acto; lo nombra y lo hace siempre igual; sin embargo, no hay dos hechos idénticos en vidas diferentes, ni quizás a lo largo de una misma vida. Después de todo, los hechos son sencillos; es fácil contarlos; puede que ya los sospeches. Pero aunque lo supieras todo, aun me quedaría explicarme a mi mismo.
Esta carta es una explicación, no quisiera que fuera una apología. No estoy tan loco como para desear que me apruebes, ni siquiera que me admitas: sería demasiado exigir. Solo deseo ser comprendido.

Mi culpa solo había tenido a un cómplice por testigo y este ya no estaba. Es la opinión de los demás la que confiere a nuestros actos una especie de realidad que la de los gestos que hacemos en sueños,...

No tenía a nadie a quien pedir un consejo. La primera consecuencia de las inclinaciones prohibidas es la de encerrarnos dentro de nosotros mismos: hay que callar o bien no hablar mas que con nuestros cómplices. He sufrido mucho, en mis esfuerzos por vencerme, por no poder encontrar ni estimulo, ni piedad, ni siquiera ese poco de estima que merece toda buena voluntad. Nunca tuve intimidad con mis hermanos; mi madre, que era piadosa y triste, se hacia sobre mi ilusiones enternecedoras; me hubiera sentido culpable si le hubiera quitado la idea muy pura, muy dulce y un poco insulsa que se hacia de su hijo. Si me hubiera atrevido a confesarme a los míos, lo que menos me hubieran perdonado hubiera sido precisamente esa confesión. Hubiera puesto a aquella gente en una situación difícil que la ignorancia les evitaba; me hubieran vigilado, pero no me hubieran ayudado.

Estamos atados por tantas ligaduras al lugar en que hemos vivido que nos parece que al alejarnos será también mas fácil alejarnos de nosotros mismos.

Mi madre creía en mi porvenir. Si alguna vez he deseado la gloria es porque sabia que eso la iba a hacer feliz. Así es como, a medida que van desapareciendo los que hemos amado, disminuyen las razones de conquistar una felicidad que ya no podemos gozar juntos.

Que difícil es, aunque se tomen muchas precauciones, no hacer sufrir...

No son nuestros vicios los que nos hacen sufrir, solo sufrimos por no poder resignarnos a ellos.

Cuando somos desgraciados y nos creemos muy culpables, hay algo tranquilizador en ser tratados como niños sin importancia.

Encontrábamos pretextos para quedarnos en la calle mirando vivir a los demás; la vida de los otros nos parece siempre fácil porque no la vivimos.



Fuegos: 1936 A hermes.

Al ser producto de una crisis pasional, Fuegos se presenta como una colección de poemas de amor o, si se prefiere, como una serie de prosas líricas unidas entre si por una cierta noción de amor. La obra no necesita, por lo tanto, ningún comentario, ya que el amor total se impone a su víctima a la vez como una enfermedad y como una vocación, al ser siempre resultado de una experiencia y uno de los temas mas trillados de la literatura. No hay en ello sublimación como pretende una formula desacertada e insultante para la misma carne, sino oscura percepción de que el amor por una persona determinada, aun siendo tan desgarrador, no suele ser sino un hermoso accidente pasajero, menos real en cierto sentido que las predisposiciones y opciones que lo preceden y que sobrevivirán a el. A través de la fogosidad o de la desenvoltura de este tipo de confesiones casi publicas, ciertos pasajes de Fuegos me parecen contener hoy unas verdades entrevistas muy pronto, pero que después habrán requerido toda una vida para tratar de hallarlas y autentificarlas. Este baile de mascaras ha sido una de las etapas de una toma de conciencia.

Espero que este libro no sea leído jamas.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Cuando estas ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. cuando estas presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales mas pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón.

Soledad... Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman... Moriré como ellos mueren.

El alcohol desembriaga. Después de beber sorbitos de coñac, ya no pienso en ti.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno solo muere cuando esta solo.

¿Te has dado cuenta de que aquellos a quienes fusilan se desploman, caen de rodillas? Con el cuerpo flojo, pese a las cuerdas, se doblan como si se desvanecieran una vez pasado todo. Hacen como yo. Adoran a su muerte.

No hay amor desgraciado: no se posee sino lo que no se posee. No hay amor feliz: lo que se posee, ya no se posee.

No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer mas bajo que tu corazón.

Un corazón es tal vez algo sucio. Pertenece a las tablas de anatomía y al mostrador del carnicero. Yo prefiero tu cuerpo.

¿A donde huir? Tu llenas el mundo. No puedo huir mas que en ti.

Por mucho que yo cambie, mi destino no cambia. Cualquier figura puede inscribirse en el interior de un circulo.

Soporto tus defectos. Uno se resigna a los defectos de Dios. Soporto tu ausencia. Uno se resigna a la ausencia de Dios.

... Le guardaba rencor por haberle llevado, siendo niño, a los baños de la Estigia para inmunizarlo contra el miedo, como si el heroísmo no consistiera en ser vulnerable...

No darse ya es seguir dándose. Es dar nuestro sacrificio.

No hay nada mas sucio que el amor propio.

Lo único horrible es no servir para nada. Haz de mi lo que quieras, incluso una pantalla, incluso un metal buen conductor.

No tengo miedo de los espectros. Solo son terribles los vivos, porque poseen un cuerpo.

Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego. Amar con los ojos abiertos tal vez sea amar como un loco: es aceptarlo todo apasionadamente. Yo te amo como una loca.

Aun me queda un a sucia esperanza. Cuento, a pesar mío, con una solución de continuidad del instinto: lo equivalente, en la vida del corazón, al acto del distraído que se equivoca de nombres y de puertas. Te deseo con horror una traición de Camilo, un fracaso junto a Claudio y un escandalo que te aleje de Hipolito. No me importa cual sea el paso en falso que te haga caer sobre mi cuerpo.

Se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida. Tengo miedo de no saber como arreglármelas con mi dolor.

Un dios que quiere que yo viva te ha ordenado que dejes de amarme. No soporto bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Utilidad del amor. Los voluptuosos se las componen para realizar sin el la exploración del placer. No se sabe que hacer con el deleite durante una serie de experiencias sobre la mezcla y combinación de cuerpos. Después, se da uno cuenta de que aun quedan descubrimientos por hacer en tan oscuro hemisferio. Necesitábamos el amor para que nos enseñara el Dolor.

Nunca he conocido otra cosa que no fuera la adoración o el desenfreno... ¿Que estoy diciendo? Nunca he conocido sino la adoración o la compasión.

Los cristianos rezan ante la cruz y la besan. Les basta ese trozo de madera, aun cuando de el no cuelgue ningún Salvador. El respeto debido a los ajusticiados acaba por ennoblecer el inmundo aparato del suplicio: no basta con amar a las criaturas; hay que adorar asimismo su miseria, su envilecimiento, su desdicha.

Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte. No se puede poseer al mismo tiempo la noche inmensa y el sol.

Cuando vuelvo a verte, todo se torna límpido. Acepto sufrir.

¿Y tu te vas? ¿te vas? No, no te vas: yo te retengo... Me dejas tu alma entre las manos como si fuera un manto.

¿Próximo? No, estas mas cerca aun. Te compadezco como a mi misma.

Se dice loco de alegría. También podría decirse: cuerdo de dolor.

Hace seis días, hace seis meses, hizo seis años, hará seis siglos... Ah! Morir para detener el Tiempo....

El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos.

Hay que amar mucho a una persona para arriesgarse a padecer. Tengo que amarte mucho para ser capaz de padecerte.

Tus cabellos, tus manos, tu sonrisa recuerdan desde lejos a alguien que yo adoro. ¿Y a quien? A ti.

¿Ingenio? ¿En el dolor? Puede ser, pues hay sal en las lagrimas...

¿Miedo de nada? Tengo miedo de ti.

Dejar de ser amada es convertirse en invisible. Tu ya no te das cuenta de que poseo un cuerpo.

Entre la muerte y nosotros no hay, en ocasiones, sino la densidad de un único ser. Una vez desaparecido ese ser, ya no queda mas que la muerte.

¡Que insípido hubiera sido ser feliz!

Debo cada uno de mis gustos a la influencia de amigos de paso, como si yo no pudiera aceptar al mundo, sino por mediación de unas manos humanas. De Hyacinthe me quedo el amor a las flores, de Philippe la afición a los viajes, de Celeste el amor a la medicina, de Alexis el gusto por los encajes. Y de ti ¿por que no el amor a la Muerte?

No me matare. Se olvidan tan pronto de los muertos...

No puede construirse una felicidad sino sobre unos cimientos de desesperación. creo que voy a poder ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No se trata de un suicidio. Solo se trata de batir un récord.



Memorias de Adriano:
En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta  envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación, placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigo en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu.


Recordatorios:
...La obsesión de los viajes, para un corazón joven, es casi siempre corolario de la del amor; Fernande acecha, en el recodo de cada paisaje, al pie del pedestal de cada estatua, la aparición de uno de esos exquisitos seres que llenan las páginas de las novelas y de los libros  de poemas. El estilo un poco soso de estas ensoñaciones no les impide  contener lo esencial: la necesidad de amar, que Fernande envuelve en nubes de literatura, y la necesidad de gozar, que ella no se confiesa a sí misma.
(Página 322)